Fidelidad extrema
Bobby
era el terrier de un policía de la ciudad de Edimburgo llamado John
Gray. Ambos estaban siempre juntos y ya era famosa en la zona la
cantidad de trucos que Bobby sabía realizar. Desafortunadamente, un 15
de Febrero de 1858, Gray muere de una tuberculosis repentina. Durante el
funeral Bobby permanecería siempre presente, y seguiría al cortejo
hasta el cementerio de Greyfriars Kirkyard. Lugar donde descansarían los
restos de John y donde además, en un acto de fidelidad extrema, Bobby
pasaría el resto de los 14 años que le quedaban de vida montando guardia
sobre la tumba de su fallecido amo. En un principio todos pensaban que
Bobby permanecería solamente unos días sobre la tumba y que luego el
hambre o el aburrimiento lo alejarían. No obstante, comenzarían a pasar
los años e incluso los crudos inviernos de Escocia y Bobby permanecería
fiel en su guardia. solo se retiraba de vez en cuando para beber y conseguir comida,
o cuando la nieve le impedía permanecer en el lugar. Con los años Bobby
se fue transformando en una leyenda local y personas que admiraban su
fidelidad comenzaron a alimentarlo y a suministrarle un refugio en el
invierno. A tal punto creció esta fama que en 1867 el mismo Lord Provost de Edimburgo, Sir
William Chambers, intervendría personalmente para salvar a Bobby de la
perrera y además, para evitar futuros accidentes de este tipo,
declararía al fiel can como propiedad del Consejo de la Ciudad. Bobby
moriría sobre la tumba de su amo en 1872, y al no poder ser enterrado en
el cementerio la gente del lugar se reuniría para construirle una
fuente con una estatua en su honor no muy lejos del cementerio. Estatua
que, no curiosamente, fue construida mirando hacia la tumba de John Gray

Otro amigo fiel fue Hachiko, un perro de raza akita inu nacido en
1923 en la ciudad japonesa de Odate. Sin embargo, menos de un año más
tarde su dueño, un profesor de agricultura llamado Hidesamuro Ueno, lo
llevaría hasta Tokio. Allí Hachiko se acostumbraría a su vida citadina
yendo todas las noches hasta la estación de trenes Shibuya para recibir a
su dueño cuando éste llegaba del trabajo. Por desgracia Ueno fallece en
1925 y nunca es llevado nuevamente a su casa, por lo que Hachiko queda
abandonado en las calles. No obstante, durante 11 años volvería
fielmente todas las noches a la estación de trenes, exactamente a la
hora en la que arribaba el tren que solía tomar Ueno. Una vez frenado el
tren Hachiko buscaba a su amo cuidadosamente entre la multitud y luego
se retiraba.
Al cabo de unos años un antiguo alumno de Ueno, que se encontraba
realizando un censo de akitas, se enteraría de la historia, y publicaría
varias notas con la historia del perro fiel. Una de estas notas
aparecería en el más importante periódico de Tokio. Gracias a esto
Hachiko ganaría fama a nivel nacional y varias historias y poemas se
escribirían al rededor de él. Sin embargo, más importante aun, Hachiko
salvaría a su raza ya que solo quedaban 30 akitas puros en todo el
Japón, y a partir de ese momento la demanda hizo que se preservaran
cuidadosamente. Hoy en día la población de akitas supera los miles.
Hachiko es además recordado con una estatua en la estación de Shibuya

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